
El budismo zen es un camino de experiencia. No hay autoridad a la que seguir. ¿Quién es tu maestro? Todas las existencias son nuestros maestros, todos los fenómenos nos dan la oportunidad de aprender. Los maestros únicamente acompañan y constatan tu aprendizaje. Si te equivocas, ¿qué pueden hacer por ti? Si aciertas, ¿qué pueden hacer por ti?
La moral en la tradición budista es la expresión práctica de la recta comprensión. He aquí un antiguo cuento que nos puede inspirar sobre lo que está bien y lo que está mal:
El Budha fue el hombre más despierto de su época. Nadie como él comprendió el sufrimiento humano y desarrolló la benevolencia y la compasión. Entre sus primos, se encontraba el perverso Devadatta, siempre celoso del maestro y empeñado en desacreditarlo e incluso dispuesto a matarlo.
Cierto día que el Buda estaba paseando tranquilamente, Devadatta, a su paso, le arrojó una pesada roca desde la cima de una colina, con la intención de acabar con su vida. Sin embargo, la roca sólo cayó al lado del Buda y Devadatta no pudo conseguir su objetivo. El Buda se dio cuenta de lo sucedido permaneció impasible, sin perder la sonrisa de los labios.
Días después, el Buda se cruzó con su primo y lo saludó afectuosamente. Muy sorprendido, Devadatta preguntó:
–¿No estás enfadado, señor?
–No, claro que no.
Sin salir de su asombro, inquirió:
–¿Por qué?
Y el Buda dijo:
–Porque ni tú eres ya el que arrojó la roca, ni yo soy ya el que estaba allí cuando me fue arrojada.
Existen innumerables códigos de conducta de tipo religioso y social, pero la moral no puede ser codificada, por lo que cada situación deberá ser evaluada por sí misma. El budismo siempre ha defendido que no hay dogmas, ni leyes que creer o pautas de conducta que seguir, más que aquellas que nacen desde la propia sabiduría interna y personal, fruto de la práctica y del conocimiento. Cuando un ser humano actúa de acuerdo a ciertas reglas simplemente porque teme el castigo o porque espera cierta recompensa, esta moral carece de todo valor.
Aunque uno recite muy a menudo las escrituras,
si es negligente y no actúa en consecuencia,
es como el vaquero que cuenta las vacas de los otros.
(Dhammapada)
Los resultados de la práctica vienen con el tiempo, como las nuevas flores en cada primavera. Siéntate y respira, nada más. La verdadera ética que surge de la apertura mental (Sabiduría) y de la apertura del corazón (Compasión), no puede ser manipulada o ser auto impuesta, sino sentida hondamente. Por muchos libros y estudios que abordemos sobre el bien y el mal, guiados por el apego y el rechazo, siempre acabaremos enjuiciando y opinando sobre esto y lo otro, sobre éste y aquel.
La moral no es la causa, sino el resultado de nuestra actitud espiritual. Todo acto genera un resultado inmediato. Así pues, como seres con capacidad de autoconciencia podemos y somos responsables de dirigir nuestro comportamiento y formas de relacionarnos. Vivimos entrelazados en una infinita red de interrelaciones y es nuestra propia responsabilidad movernos por ella de forma consciente El Budha dejó expresado: “es el hombre el que crea su propia prisión”. Y esa prisión se basa en la ciega creencia de sentirnos diferentes: yo frente a los demás.
Las leyes que gobiernan las relaciones sabias en nuestras vidas, llámense política, familia, negocios o educación, por ejemplo, son las mismas leyes que las de la vida interior. Toda práctica espiritual es un asunto de relaciones, con nosotros mismos, con los demás, con todas las situaciones de la vida. No hay evasión posible.
No existe un plan o modelo exacto y común. Todos seguimos un camino nuevo en cada momento. La vida es un río sin cartografiar; se necesita entrega y perseverancia, poner atención a cada instante y caminar con el corazón bien abierto.
Denkô Mesa
(Fragmento de las enseñanzas de la tarde, primer día del Retiro de Primavera, abril 2017, Gran Canaria)


