
El Budismo Zen es una práctica milenaria (Shakyamuni Budha) de la experiencia, una vía del conocimiento existencial. A través de la metodología que propone se llega verdaderamente a descubrir quiénes somos en realidad y cómo hacer para que este mundo condicionado vaya mejor. La pedagogía queda recogida en las llamadas Cuatro Nobles Verdades. Se trata de reeducar desde la atención (palabras, acciones y pensamientos). En el Zen no basamos nuestro compromiso ético en verdades externas a nosotros mismos, no esperamos la llegada mesiánica de ningún ser superior, no vivenciamos lo real a través de falsas creencias o dogmas de ningún tipo. El Zen es pura experiencia.
Por eso se dice que el budismo es realista y no se anda por las ramas; ya tenemos a la mente loca que salta de una rama a otra llevada por la ignorancia. En el Zen enseñamos que la vida es dolor y que la causa de éste viene producida por una falta de atención plena. No es una visión nihilista, como pudiera malentenderse, sino que es un camino de conocimiento muy comprometido con la existencia humana y otras formas de vida.
Los seres humanos somos los protagonistas de películas de autoengaño que nosotros mismos creamos. El argumento apunta a que somos un reflejo de lo hecho, pensado y movido en el pasado. Por el contrario, en la fantasía de un futuro aún por llegar, pero en el que nos gusta proyectarnos, seremos lo que hacemos, pensamos y movemos en el ahora. Por otro lado, el ruido es el problema número uno del hombre occidental y el silencio, por lo tanto, su primera necesidad básica. El silencio hay que oponerlo al ruido, no a la palabra.
Los practicantes y seguidores de las enseñanzas budistas reconocemos que somos nosotros mismos los que creamos la realidad que nos conforma. Éste es el punto de partida y de llegada en el camino de la autoconciencia, el eje fundamental de nuestro trabajo transformador, el inicio del recorrido hacia el verdadero discernimiento. Hablo de la ley del perceptor según la cual lo que se ve depende directamente del sujeto que lo percibe. Cuando verdaderamente nos ponemos al servicio de la auto observación, vamos aprendiendo a vivirnos plenamente en equilibrio, aceptando nuestras luces e integrando y trascendiendo nuestras propias sombras.
La proyección es un mecanismo de defensa del ego que no quiere asumir responsabilidades. La proyección implica ira; la ira alienta la agresión y la agresión fomenta el miedo. Es de la paz mental de donde nace y se establece una percepción pacífica del mundo. Siéntate, mira, reflexiona y confía en el discernimiento que surge de la práctica atenta.
Está en nuestras manos el poder de la transformación integral de todo lo que somos ahora bien, no basta con quererlo, hay que ponerse a ello. Así pues, no interpreten el Budismo Zen como una milenaria filosofía que ahora está de moda. La práctica del Zen se fundamenta en la práctica de la atención perseverante, un recorrido de autoaprendizaje que lleva su tiempo pero que aporta cambios bien importantes


