Artículos

Un antiguo enigma de la gramática sánscrita resuelto

Un estudiante indio de doctorado de la Universidad de Cambridge ha resuelto por fin un problema gramatical que ha frustrado a los estudiosos del sánscrito desde el siglo V a.C. Rishi Rajpopat ha hecho el descubrimiento descifrando una regla enseñada por el «padre de la lingüística» Pāṇini.

El descubrimiento permite «derivar» cualquier palabra sánscrita -construir millones de palabras gramaticalmente correctas, como «mantra» y «gurú»- utilizando la venerada «máquina lingüística» de Pāṇini, considerada uno de los mayores logros intelectuales de la historia.

Destacados expertos en sánscrito han calificado de «revolucionario» el descubrimiento de Rajpopat, que podría permitir por primera vez enseñar la gramática de Pāṇini a un ordenador. Durante la investigación de su tesis doctoral el Dr. Rajpopat descifró un algoritmo de 2.500 años de antigüedad que permite, por primera vez, utilizar con precisión la «máquina del lenguaje» de Pāṇini.

El sistema de Pāṇini -4.000 reglas detalladas en su obra cumbre, el Aṣṭādhyāyī, que se cree que fue escrito alrededor del año 500 a.C.- está pensado para que funcione como una máquina. Introduce la base y el sufijo de una palabra y la convierte en palabras y frases gramaticalmente correctas mediante un proceso paso a paso.

Hasta ahora, sin embargo, había un gran problema. A menudo, dos o más de las reglas de Pāṇini se aplican simultáneamente en el mismo paso, por lo que los expertos se debaten sobre cuál elegir.

Leer más

VACIARSE, DAR TODO EL ALIENTO

Todos respiramos para vivir, pero pocos comprenden que respirar es vivir. Desde el nacimiento hasta la muerte estamos respirando. Dormidos, distraídos, desmayados, caminando, acostados … siempre respiramos y siendo como es algo esencial, solemos pasarlo por alto. El aire es esencial no solo a los humanos, sino también a los animales, a las plantas, a los minerales. Todo el mundo respira. El cosmos entero es una gran respiración.

Constantemente estamos intercambiando, religados por el aire. Un aire que es común a todos y que, por lo tanto, no nos pertenece. Sin embargo, y al mismo tiempo, cada uno debe respirar por sí mismo, cada uno es responsable de su propia respiración.

El respirar de todos es el respirar de cada uno, porque todos somos iguales, pero cada uno es diferente.

Durante zazen prestamos particular atención a la respiración y básicamente haz de apoyarte en la exhalación. Esto no significa que le demos más importancia a la inhalación. No, ambas deben armonizarse como el dorso de la palma, puesto que son dos partes de una misma cosa.

Algunos piensan que la respiración debe ser controlada. Esto es un error. El controlar, el reprimir, son formas de violencia generadas por el deseo y el temor. La respiración debe ser observada. Si observas tu exhalación y la acompañas suavemente hasta el final, la inspiración llegará por sí misma.

Leer más

Comentarios al Sutra de la Gran Sabiduría (Maka Hannya Haramita Shingyô)

El Dharma del Buda se manifiesta de forma ininterrumpida desde hace milenios. Se viene compartiendo en la intimidad del ser, trascendiendo el paso de los tiempos y actualizándose con una fuerza extraordinaria en el presente. Así como no hay límites en los cielos abiertos, los anchos mares, los bosques con sus verdes praderas y las altas montañas, en el lenguaje y sabiduría del corazón no caben las distancias. Memorable fue aquel momento en Rajgir, en el Pico de los Buitres, donde el eco del silencio se hizo tan presente… Fue un simple movimiento, una flor que giraba entre los dedos del maestro, una sonrisa compartida.

El legado espiritual de nuestros predecesores ha quedado recogido en obras de una altura inigualable. Concretamente, lo observamos en los vastos textos dedicados a la Prajñaparamita, cuyas enseñanzas fueron expresadas en más de 8.000 versos y tratadas especialmente en la escuela Mādhyamika con el maestro Nāgārjuna a la cabeza. Luego, con el paso del tiempo, derivó en el llamado Sutra de la gran sabiduría (Hannya Shingyô en jap.), un texto común en todos los rituales de la tradición zen.

En los libros antiguos, las definiciones de la perfección de la sabiduría son relativamente raras, y esto es muy comprensible, pues, en realidad, la experiencia a la que se alude, no puede ser captada ni con los conceptos de la mente ordinaria, ni tampoco sin ellos. Por esta razón, en el mencionado sutra encontramos una secuencia repleta de negaciones:

No hay nacimiento, ni comienzo, ni pureza, ni mácula, ni crecimiento, ni disminución. Por eso, en la vacuidad, no hay ni forma, ni agregados, ni ojo, ni oreja, ni nariz, ni lengua, ni cuerpo, ni conciencia. No hay color, ni sonido, ni olor, ni gusto, ni tacto, ni objeto de pensamiento. No hay sabiduría, ni ignorancia, ni ilusión, ni cese de la ilusión, ni decadencia, ni muerte, ni fin de la decadencia, ni cese del sufrimiento. No hay conocimiento, ni provecho, ni no provecho.

No es lo mismo comprender que entender. Esto es importante. Para no dejarse atrapar por las redes del intelecto pensante, la tradición budista se ha caracterizado desde siempre por una transmisión que va más allá de las palabras. Por esta razón, se habla de la meditación como una experiencia de trascendencia y liberación de eso que nos creemos ser. El Buda dijo:

Para entender todo, es necesario olvidarlo todo.

 

Leer más

EL SILENCIO LUMINOSO DE LA MEDITACIÓN

Todo pulsa instante tras instante. Todo fluye en relación. La armonía se expande naturalmente y en cualquier rincón estamos capacitados para observar cómo esta verdad se hace única. Tener la oportunidad de abrirnos a la vida en esa contemplación inaudita de lo eterno y hacerlo en la intimidad del corazón, compartiendo este camino con otros compañeros, es una bendición tremenda. ¡Qué dicha este transitar al sentirnos vivos en cada inspiración y en cada espiración! Este es el Dharma de la talidad.

Cuando nos recogemos en el silencio luminoso de la meditación, nos abrimos a una vivencia que no puede ser catalogada con conceptos, ideas o ficciones pretendidas. La práctica es una invitación a sentir la sonoridad de lo auténtico. En una postura firmemente enraizada en la tierra, con la ternura y la suavidad dándose al mismo tiempo, acontece la postura noble y enérgica mediante la cual la respiración fluye de forma tranquila y generosa. De esta manera, la estabilidad y la presencia te van envolviendo con dulzura y, a través de ella, contemplas con gozo y ecuanimidad la vivencia de lo Real.

Los centros de práctica recogen este legado. Son espacios donde el lenguaje de lo sagrado se hace visible, lugares de culto donde se realiza la Vía, esto es, rincones que ofrecen condiciones favorables para que se produzca la apertura al aprendizaje y al autoconocimiento. Los centros de meditación son un buen referente que muestran cómo estamos y nos sentimos. En ocasiones, atravesamos la ciudad para ir a sentarnos en compañía, si bien pareciera que acudimos a la llamada de lo interno con precipitación, haciéndolo desde la prisa, llevados por el fuego de la ansiedad y nos peleamos con el tráfico urbano, con el no llego a tiempo o con el y si no encuentro aparcamiento.

Sin embargo, una vez que estás establecido en la postura, sentado sin apenas darte cuenta, bien enraizado entre el cielo y la tierra, observando el ritmo de la vida, el clamor de la ciudad con todos los ruidos que conlleva, poco a poco te relajas, concentras, abres y observas de manera receptiva. Todo se va ordenando y permaneces asentado en un profundo silencio sonoro. En ese instante eterno reposas sobre una quietud diamantina. Desde ahí te observas de nuevo.  Ahora tienes una perspectiva de cómo fue el impulso que te acercó al momento presente y brota un sentimiento de serena alegría que fructificará en forma de conciencia en un futuro aún por venir. Todo se funde en un mismo instante en el que el tiempo, el espacio y tu existencia expresan la práctica como realización. He aquí el regalo que supone encontrarnos en la Casa Común, en el hogar donde todos los seres se reconocen en un mismo siendo. La alegría del encuentro se produce.

Meditar es una flor de mil pétalos que surge de la vacuidad insondable y a la que únicamente se accede cuando nadie pretende olerla o encontrarla, ni siquiera observarla. Cuando un practicante se entrega así, tal cual es, sin pretensión alguna, sobreviene la sintonía universal de la presencia. El encuentro continuará en cada uno de nosotros, si atendemos a lo fundamental. Es responsabilidad de cada cual cuidar del calor de la conciencia. La luz siempre está ahí, si bien somos los únicos directores del momento presente.

Según lo dicho, la meditación no se puede encapsular o limitar al lenguaje de lo ordinario, llenándola con ideas, palabras y conceptos sobre lo que es o no es. Por eso, el Budha habló del camino del corazón. La práctica meditativa representa esa coherencia interna, tan hermosa y reveladora, que expresa lo que somos en verdad.

Está en tus manos habitar este espacio de lo íntimo y recogerte en él. Verás que la no dualidad, la empatía universal y el verdadero amor se hacen visibles en el otro. Abrirte es constatar que todo sucede en un mismo siendo. Esta es la virtud de la sabiduría que nos lleva a la orilla del despertar.

Vibra en el silencio luminoso y en esta expansión de la conciencia.

Denkô Mesa