Enseñanzas del maestro Denkô Mesa

Karma generacional

El otro día preguntaban por el karma generacional y cómo abordarlo. Muy interesante la pregunta. También formularon cómo es la relación del yo y los demás. Así pues, estamos ante dos leyes universales, la primera alude a la relación de las causas y sus respectivos efectos. La segunda nos habla de que en el verdadero yo, están los demás. Vivimos en íntima relación.

De entrada, debemos decir que el concepto de karma es interpretado erróneamente. Por ejemplo, se llena de matices negativos, ya que es visto como algo nefasto o lo planteamos como un juego infantil. ¡Qué mal karma tiene o qué buen karma! 

Vamos a ser serios con esa ley universal.  Karma es un concepto que hace referencia al principio de la causalidad del universo, similar a la de la ciencia moderna, en donde cada acción tiene su correspondiente resultado. Cuando el karma es bien entendido, permite comprender que el destino depende de cada uno y que cada persona tiene el poder de transformar su vida. Esto significa que nuestros pensamientos, palabras y acciones siembran las semillas para nuestra experiencia. Está en nuestras manos cambiar nuestras vidas gracias al entendimiento de esto.

De esta forma, el meditador se abre a la experiencia de lo que ante él acontece. Al observar con tranquilidad las tendencias del pasado generacional, por ejemplo el de nuestros padres y familiares más allegados, inicia su camino de aprendizaje. Si percibimos dolores o heridas que se manifiestan en este presente, producidas por nuestra conciencia, nuestra boca o nuestro cuerpo, aquí y ahora podemos desidentificarnos de ellas. Sin embargo, el ego querrá imponer ideas sobre cómo hacer con ellas, pero este no es el camino de liberación. Pregúntate con sinceridad: ¿qué es lo que te duele? ¡Siéntelo! Profundiza en ese sentir para que te abras a la comprensión de lo que debes aprender.

Mantener la calma y la objetividad es un factor del despertar. Echar las culpas a otros no es la libertad. Por lo general, solemos echar la culpa a los otros. Vivimos a través de las relaciones, de la familia, la sociedad, la cultura, la época… ¿para qué? Para aprender a soltar las heridas y así sanarlas.

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Decido elegir

Budha dijo: “Tu trabajo es descubrir tu propósito en la vida y luego, con todo tu corazón, entregarte a él”. 

Nadie va atenderte como tú, nadie puede sustituirte en el cómo hablas, piensas o actúas. Cada cual tiene siempre la oportunidad de vivir de manera adecuada, esto es, vivir bajo la luz de la conciencia y ser coherente o no hacerlo. Así como es adentro, es afuera. De la misma forma, como es afuera, es adentro.

También comentó el Budha que todo ser humano es el autor de su propia salud o enfermedad. Por tanto, eres libre. Toma conciencia en todo momento de tu relación personal con lo que acontece. Escúchate y resuena con tu sabiduría interna. Observa qué es aquello que te aporta, nutre y hace florecer.

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Tres Tesoros

Uno de los hitos más hermosos en este camino del corazón es atender a la llamada interna y que te sintoniza con la recepción de las llamadas Tres Joyas o Tres Tesoros. El budismo no te da nada que ya no seas, de hecho, la práctica funciona por desprendimiento de los limitantes y las falsas creencias, como hemos dicho muchas veces, pero sí que te afirma en la verdad de quien tú eres. En este sentido, la práctica no aumenta ni mengua, siempre expresa la realidad del momento presente.

Cuando un ser humano se siente comprometido con este camino del corazón, esa llamada interna de vincularse afectivamente, corporalmente, mentalmente y espiritualmente con el Budha, el Dharma y la Sangha es un hecho que acontece de forma hermosa y natural.

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Sobre el bodhisattva

La tradición budista cuenta con una historia a sus espaldas que suman ya más de 2500 años. Las motivaciones que encontramos en las personas cuando se acercan a un centro de Dharma son bien distintas: algunos vienen por la necesidad de refugiarse, otros simplemente por hacer amigos; están aquellos que acuden por desconocimiento y no saben dónde se meten, otros llegan sólo para probar. También están los que vienen porque fue otro quien los convenció y también están quienes se acercan porque esto de la meditación está de moda, en fin, por citar causas, las que quieran. En cualquier caso, sería injusto no reconocer que hay personas que vienen por una llamada interna que los impulsa a encontrar respuestas al sentido del yo y de la vida. En definitiva, todos anhelamos sentirnos bien, plena y felizmente realizados.

El crecimiento espiritual requiere tiempo y perseverancia. Supone además la asunción de la auto responsabilidad en el proceso del trabajo interior. Éste es el impulso que nace en el corazón de bodhisattva que practica sin tiempo ni afán. Dispone su vida mente y corazón al servicio de la atención por el bien de los demás.

La constancia y la generosidad forman parte de la vía de los bodhisattvas, figura cumbre en el budismo Mahâyana, esto es, seres liberados en vida, seres atentos y despiertos que hacen de la práctica meditativa un eje fundamental en sus vidas. Cuando la práctica se vuelve el centro de la existencia, todo se ve a través de los ojos de la paz, el gozo y la común unidad.

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