Enseñanzas del maestro Denkô Mesa

Sobre el bodhisattva

La tradición budista cuenta con una historia a sus espaldas que suman ya más de 2500 años. Las motivaciones que encontramos en las personas cuando se acercan a un centro de Dharma son bien distintas: algunos vienen por la necesidad de refugiarse, otros simplemente por hacer amigos; están aquellos que acuden por desconocimiento y no saben dónde se meten, otros llegan sólo para probar. También están los que vienen porque fue otro quien los convenció y también están quienes se acercan porque esto de la meditación está de moda, en fin, por citar causas, las que quieran. En cualquier caso, sería injusto no reconocer que hay personas que vienen por una llamada interna que los impulsa a encontrar respuestas al sentido del yo y de la vida. En definitiva, todos anhelamos sentirnos bien, plena y felizmente realizados.

El crecimiento espiritual requiere tiempo y perseverancia. Supone además la asunción de la auto responsabilidad en el proceso del trabajo interior. Éste es el impulso que nace en el corazón de bodhisattva que practica sin tiempo ni afán. Dispone su vida mente y corazón al servicio de la atención por el bien de los demás.

La constancia y la generosidad forman parte de la vía de los bodhisattvas, figura cumbre en el budismo Mahâyana, esto es, seres liberados en vida, seres atentos y despiertos que hacen de la práctica meditativa un eje fundamental en sus vidas. Cuando la práctica se vuelve el centro de la existencia, todo se ve a través de los ojos de la paz, el gozo y la común unidad.

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Sobre la bondad innata

Es una cualidad innata del ser. Lo único que nos ha sacado de ella son las creencias erróneas que tenemos de nosotros mismos. En las meditaciones y en todo momento del día, la clave está en generar mucho amor sincero hacia uno mismo con la actitud de expresarse siempre desde la verdad de lo que somos, con la atención dispuesta en todo aquello que nos nutre.

El ego es un especialista en separar y categorizar. Lo importante es darse cuenta de la raíz de todas las distorsiones y no identificarse con ellas aunque las estemos sintiendo. Aparentemente uno se cree preso de una emoción que el ego ha construido, pero no somos eso. Por tanto, la salida está en quererse a uno mismo, conectar con lo que nos hace sentirnos bien, con la verdad de que somos un ser maravilloso y atendemos con mimo a este ser interno.

Reencontrarse y amarse es la salida y la liberación. No juzgarse porque estés sintiendo tal o cual sensación o emoción, permitirse si hay heridas grandes, expresarlas, reposarlas, integrarlas. He aquí una bella historia que refleja lo anteriormente expresado:

En una aldea vivía un anciano a quien el pueblo consideraba el hombre más feliz del mundo, muchos se preguntaban cuál era el secreto por lo que uno de ellos decidió ir a preguntarle. El anciano, con una sonrisa, aceptó compartir su secreto.

“Todos los días, al despertarme, tengo dos posibilidades: ser feliz o infeliz. Entonces yo decido ser feliz”.

Un caudal que expresa la verdad

Por Denkô Mesa
(Ponencia impartida en el V Congreso Internacional de Meditación y Ciencia organizado por el Centro Milarepa de Las Palmas de Gran Canaria)

 

Por regla general, o bien nos proyectamos hacia un futuro inexistente, que llenamos de promesas incumplidas, o bien terminamos anclados con la mirada puesta en un pasado que jamás volverá de nuevo. Vivimos ajenos al momento presente. Estamos enajenados emocionalmente y, en general, transitamos por los distintos momentos de la cotidianidad en modo automático, o sea, vivimos ausentes de nosotros mismos. Esta es la ilusión del preceptor, la ignorancia de la que nos habló Siddhartha Gautama, AVIDYA, cuya causa indica que se debe a una falta de atención. Por esta razón, se hace necesario que recuperemos el natural estado de la presencia, una facultad al alcance de todos y cada uno de nosotros que se fortalece con el aprendizaje y el cultivo sistemático de la atención consciente. Es por ello que, en muchos ámbitos, se hace mención a la capacidad auto reflexiva del ser humano, una fortaleza que debe ser recuperada y aplicada adecuadamente en distintos contextos, ya sean de ámbito educativo, político económico, sanitario, etc.

Necesitamos ajustar las miradas, recuperar el tono y el centramiento. Suelo compartir la simple reflexión: si un individuo desarrolla adecuadamente la práctica de la atención, lo conduce a un estado de presencia. Si, por el contrario, la dispersión y el automatismo son los referentes de su vida, permanecerá distraído, con falta de claridad y nitidez, en definitiva, continuará en un estado de ausencia. La pregunta es: ¿tú que eliges? ¿Qué deseas para ti y para los otros? ¿Estás dispuesto a comprometerte de verdad? La salida es hacia adentro y la meta está en el viaje. Lo lindo es que el camino lo hacemos siempre juntos.

Meditar es un gran regalo. Meditar es atender a lo real. Meditar es la expresión natural de quien tú verdaderamente eres. No es una técnica para alcanzar algo. Es un arte de la contemplación consciente. Lo contrario es vivir, haciendo como si, esto es, vivir de manera robotizada o automatizada, como han insistido sobre ello grandes maestros de distintas tradiciones. Los seres humanos sufrimos debido a un estado de alejamiento de aquello que nos nutre. Sin embargo, la luz de la conciencia despierta anida en nuestros corazones. Por esta razón, el Budha dijo que el camino está en el corazón. Meditar es volver a casa, reposar en la serenidad de una mente ecuánime y amorosa.

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