Un elemento fundamental para el buen desarrollo de las personas es que seamos capaces de conocernos en profunda intimidad. Sin embargo, somos unos grandes desconocidos a nivel emocional. Básicamente hay dos grandes emociones: el amor y el miedo.
A nivel primario, cuando hablamos del miedo nos estamos refiriendo a un mecanismo de supervivencia que activa el sistema simpático. Con la aparición del miedo en tu organismo, todo tu ser se pone en modo acción, ya sea de lucha o huida, ante una situación peligrosa. El individuo se siente con un temor ante lo desconocido.
Ahora bien, desde otro punto de vista, observamos que el miedo no es real, salvo en una mente limitada. Pregúntate: ¿de qué tienes miedo? ¿De dónde procede esta sensación de inseguridad, nerviosismo, preocupación, ansiedad…?
Si esta verdad no la confrontas y, por el contrario, la vives como si fuera auténtica, te cierras al aprendizaje y te haces vulnerable al dolor que estás experimentando.