Crónicas

Zazenkai en Ryoku shin

Sobre el eterno fluir del río, la niebla baja. Árboles en quietud. Dentro del Dojo se comparte la experiencia en silencio.  Nadie sobre el zafu, nada bajo él.

Ayer 1 de febrero se celebró la primera jornada de meditación intensiva en Ryoku Shin, guiada desde el corazón y la experiencia por el maestro zen Denkô Mesa y Empar Roch. Con confianza y generosidad, 7 asistentes compartimos el encuentro al calor del fuego transformador del Dojo.

Para mí, practicante desde hace algún tiempo, la experiencia de la meditación es una experiencia única, poderosa. Sentarse y sentirse sobre el zafu es permitirse acceder a tu propio océano interno. Ese que no queremos observar o dejamos para más tarde, ese al que nos da miedo acercarnos. O por el contrario, ese al que permanecemos fijados de manera enfermiza, la imagen congelada de nosotros mismos. Unas veces contemplarás un mar en calma, otras, la tempestad, decía el maestro.

Siempre podemos recordar, al menos a mí me ayuda, que, aunque nos percibamos como una ola solitaria, también somos el océano y más allá, los múltiples océanos de las múltiples olas solitarias. Todo, finalmente, consiste es darse cuenta de lo interconectado en permanente movimiento y sí, permitírnoslo.

Al realizar el tiempo durante el samu (trabajo consciente) en la naturaleza, fuimos guiados por la experiencia de Jan, quien acertadamente nos señalaba que era importante gestionar nuestro propio esfuerzo y detenernos a observar el propio ritmo del entorno. Esto es fundamental en las labores de jardinería. –Es el entorno el que va pidiendo qué hacer, cómo hacerlo y cuándo- sin embargo, aquí de nada sirve querer ir más rápido, sólo hacer lo que es preciso que se haga en cada momento y saber esperar. Y esto, que parece tan sencillo, en realidad es el trabajo más difícil de todos).

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A donde sea que la Vía nos conduzca

El 1 de enero de 2020, la Comunidad Budista Zen Luz del Dharma dio la bienvenida al nuevo año con una ceremonia especial oficiada por el maestro y director espiritual Denkô Mesa.                              

Podría describir de una manera pragmática en qué consistió la ceremonia, pero como leí en alguna parte: «en cuanto comenzamos a juzgar, la magia de la vida se disipa.» Y precisamente la magia fue el motor de ese primer mediodía del año; una magia que emanaba de la armonía de los allí presentes, reunidos para empezar el 2020 en comunidad, en una complicidad esencial, creo, tan propia de los bodhisattvas, capaces del más profundo recogimiento aún rodeados de personas, siendo y sintiendo de forma individual, pero formando parte de un todo.

Comenzando con la invocación conjunta del Maka Hannya Haramita Shingyo (Sutra del Corazón) y terminando con la entrega al Kanzeon para abrir los corazones a la compasión por el cese del sufrimiento de todos los seres, el momento álgido de la ceremonia se concentró en la Ofrenda. Durante esta parte del rito, los pies se deslizaban lentamente, “tan solo andando”, sin emitir sonido y con plena conciencia. Al vaivén de esa suave cadencia contemplé absorta mecerse los pliegues de los kesa y los bajos de las faldas; casi una coreografía hipnótica en la que los Tres Objetos ofrecidos pasaban de unas manos a otras, entregados y recibidos (entre inclinaciones de respeto) con elegancia, delicadeza y amor.

El resto se diría que discurrió entre un sinfín de estímulos sensoriales: el discreto lenguaje de las flores y las coloridas frutas dispuestas con esmerado cariño sobre el altar, el incienso que podía saborearse en la boca cargando la atmósfera e inundando los pulmones, el agua perfumada proyectada por el aire para purificar a los asistentes y los bellos cantos ancestrales acompañados por la percusión. En un espacio generalmente destinado al silencio, resultaba sobrecogedor el efecto vibrante y penetrante del tambor ante cada gasshô, o la superposición de las voces recitando a distintas alturas.

El agradecimiento, la apertura, la entrega, la compasión, la confianza ante el futuro incierto…, todo se desarrolló frente al imperturbable rostro del Buda, envuelto en volutas de humo y acompañado de la vela, siempre presente. En un día como ese, de inicio de un periodo, de un ciclo y de un nuevo año, simbolizaban más que nunca la búsqueda de una actitud correcta y serena que alimente la llama, para que caliente e ilumine, como mínimo, los otros 364 días del año.

Y en un día como ese, tras escuchar a los agradecimientos y buenos deseos de los demás compañeros, dije, con total sinceridad, que no imaginaba mejor forma de empezar el año que siendo testigo de aquella emotiva ceremonia. Me faltó añadir, por descontado que estaba, como estoy ahora, deseosa de aprender, compartir y de acompañarlos durante el resto del camino. Sea a donde sea que la vía nos conduzca.

Gracias maestro, gracias a todos.

Por Zuleyma Guillén

El reencuentro con nuestra verdadera naturaleza

Rohatsu 2019, una sesshin marcada por la sinceridad, la tormenta y la calma.

Tras los límites de la ignorancia se halla un vasto océano de posibilidades. En él nos hemos adentrado, remando juntos, más allá del más allá, cada uno con su zafu, arropados por el kesa, removidos por las olas, azotados por los vientos, sin embargo guiados por el mapa de la conciencia.y sostenidos por la certeza, llegamos a buen puerto.

¡Qué belleza!

Ser invitados en cada respiración al reencuentro con nuestra verdadera naturaleza, ….

Y así …aquel barquito, aquel barquito, gracias a la práctica, despertó.

Por Elena López Rodríguez

Gran Canaria a 8 de diciembre de 2019

Pintando de azul el viento

Crónica  por Carlos Hernández

Parece que fue hace solo un momento cuando asistíamos a la inauguración del Dojo Zen Ryoku Shin (Fuerza del Espíritu) que está adscrito a la Comunidad Budista Zen Luz del Dharma que dirige el maestro Denkô Mesa. Aquí estábamos de nuevo, otra vez viajando desde Toledo para asistir a la segunda parte del curso que está impartiendo Empar sobre enseñanzas zen y su práctica.

Esta vez el tema serían las tres marcas de la existencia… o de la vida, no estoy seguro. Para mí son raíz, base fundamental: Anitya o Transitoriedad, Anatta o insustancialidad y Dukka o lo que venimos llamando  sufrimiento.

Sin duda alguna este Dojo tiene algo especial, no sé si llamar mágico. El caso es que cuando atravesamos el portón del recinto, volvieron a la mente unas palabras que escribí para no olvidar con qué pie se entra y con cuál se sale del dojo: “avanza el pie izquierdo, entro en el espacio sagrado, avanza el pie derecho y salgo del ego ilusorio. Mientras tanto, barro en los pies.”

Y de nuevo esos abrazos tan sinceros y tan deseados por mi parte. ¡Qué enorme privilegio poder pertenecer a este grupo, qué alegría poder comprobar todo lo que me queda por aprender de ellos!

Hace tiempo, no sé si leí o escuché algo del maestro Denkô Mesa sobre la verdad revelada y la verdad desvelada, con qué facilidad dejas caer esos velos gracias la apertura de corazón que en Ryoku Shin habita.

No sé qué en mí está pasando ni me interesa saberlo, prefiero vivir lo que en mí está quedando. Gracias Denkô sensei, Empar, gracias al Lama Tubob, Rafa, Pilar, Sonia, Gloria, María Ángeles, Helena, Juanan, Paz.

A las 11:00 aprox. Se comenzaban a impartir las enseñanzas. Como siempre, el círculo de corazones inicial para comentar nuestras vivencias sobre cómo habíamos llevado la práctica estos días y Empar con sus comentarios certeros. Enseguida pasamos a las enseñanzas y, de pronto, no sé cómo ni por qué, esa voz de Empar que me suena siempre tan dulce y joven, comenzó a resonar en mí como “la voz del dragón que parte de dentro del hueco tronco del árbol viejo”. Dejé de intentar comprender, me atreví por un momento a dejarme vencer por la vulnerabilidad bien entendida, confianza en el corazón, este corazón sonríe. Transitoriedad, insustancialidad, dukka… conceptos que separamos y, sin embargo, se entremezclan.

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