La paciencia es una de las virtudes de la meditación. Aprender a estabilizar la mirada interna, no reaccionando de manera automática y compulsiva ante los fenómenos que nos atraen, o bien nos desagradan, es un síntoma de la persona tranquila y ecuánime.
Kshanti es una de las virtudes que se contemplan en el budismo. Junto a ella se desarrollan otras como la generosidad (dâna), la honestidad (sila), la sabiduría (prajña), el trabajo con la energía (virya)…
Estas virtudes son llamadas paramita en pali antiguo y las podemos entender como aquellos factores favorables que nos permiten llegar hasta la otra orilla de la mente, esto es, soltando limitantes y patrones ilusorios y alcanzando así el anhelo del despertar. Con este resulta la expresión madura de la conciencia.
Cuando uno vive en el presente, todo se da de manera natural. No hay prisas por ir hacia ningún lado, ni recuerdos del lugar de donde se estuvo. Todo fluye tranquilamente. Sin embargo, en una mente no entrenada, observamos que tenemos la mala costumbre de querer todo al instante, de hacer las cosas inmediatamente. Cuando esto te ocurra, devuelve tu mirada a la atención consciente, tu gran regalo y hazte íntimo con una respiración larga y tranquila. Este es el antídoto natural contra la ira, esto es, el enfado porque las cosas no han funcionado como tú pretendías.